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Prueba Peugeot Rifter 1.5 BlueHDI 130: ¿Furgoneta, turismo o multiusos?

En tiempos difíciles para los monovolúmenes, encontrar en el mercado un vehículo eminentemente familiar es casi misión imposible. Ahora, Peugeot te propone una alternativa asequible y –quizá– más apropiada que nunca.

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No es una solución precisamente original y es que desde 1996, el grupo PSA ofrece en nuestro mercado un vehículo multiusos de gran popularidad, el denominado Citroën Berlingo o Peugeot Partner, actualmente disponible también como Opel Combo, por cierto. Sin embargo, todas estas modernas sucesoras de la C15, han cambiado tanto en tan poco tiempo, que se han ganado un hueco en la gama de turismos sus marcas y al tiempo, una merecida prueba a fondo en Car and Driver. Así que vamos allá.

En plena búsqueda de un vehículo asequible, con unas dimensiones contenidas y un espacio interior realmente amplio, perfecto para un intenso uso familiar, nos hemos topado con este Peugeot Rifter. Su nombre no te sonará de nada y ese es su objetivo, porque está claramente pensado para distinguirse del citado Partner. No obstante su silueta, con dos volúmenes claramente diferenciados, no oculta para nada sus orígenes y sí llaman la atención que en la misma, se hayan incorporado elementos estéticos de nivel tales como: los faros delanteros con iluminación diurna led, los numerosos embellecedores del frontal o los protectores plásticos que se extienden por toda la línea inferior de la carrocería, incluyendo los pasos de rueda y una zaga igualmente musculosa. En la misma, destacan también unos pilotos que aunque alargados como los de la versión comercial, incorporan la iluminación con forma de garra característica en los Peugeot actuales.

A todos estos elementos se unen unas llantas apropiadas, de 17 pulgadas en este acabado GT Line y una generosa altura libre al suelo que lo emparenta definitivamente con los SUV de la marca gala aunque sin duda, lo más sorprendente del Rifter es su interior al cual se accede de forma especialmente cómoda por esa altura y por la gran apertura de sus puertas delanteras; las traseras –corredizas– también son amplias aunque algo pesadas, lo que dificulta algo más la acción tanto de abrirlas como de cerrarlas.

El Rifter posee ciertos accesorios reservados a los crossoser de la marca que le confieren una estética atractiva, no sólo por fuera.

ESPACIO, MODULARIDAD Y VARIAS SORPRESAS

Ya en el interior, el denominado i-cockpit nos recibe, de modo que tenemos muy a mano un volante de tamaño reducido, forma achatada y que deja el cuadro de mandos perfectamente visible por encima, facilitando así la visión de sus datos y de la carretera al mismo tiempo. La pantalla táctil, de nada menos que 8 pulgadas también acapara nuestra atención por su tamaño, cercanía y funcionamiento. A diferencia de lo que sucede en otros modelos de la marca, no integra los controles del climatizador, algo que agradecemos a la hora de accionar el mismo y aunque no sabemos si se debe a esta circunstancia, el caso es que su manejo general resulta más rápido.

El selector circular del cambio automático también es un detalle sobresaliente en este modelo y propio de los turismos más sofisticados. Lo mismo sucede con el freno de mano eléctrico –automático– y con el sistema de acceso y arranque sin llave del motor. En definitiva, el Rifter 'tira' de equipamiento a la última para brindarnos un recibimiento de lo más inesperado. Es verdad que encontramos plásticos duros y unos acabados más espartanos que los 308 o 3008, por citar alternativas de la misma marca y segmento, pero en líneas generales la sensación es positiva gracias también al color que aporta su salpicadero o el tapizado de los asientos. Pero lo mejor sigue siendo la habitabilidad y ergonomía de un vehículo que en este aspecto destaca aprovechando su procedencia del segmento comercial. 

Se nota que el grupo PSA lleva años haciendo más práctico el día a día a los conductores que más tiempo pasan en sus vehículos y que siempre van cargados de cosas: los autónomos, transportistas y trabajadores en general. Así, resultan prácticos los huecos para dejar bebidas de los extremos del salpicadero, el de la parte central del mismo –algo oculto tras la pantalla, eso sí– el que hay debajo de la misma y que permite la carga por inducción de los smartphones, el del túnel central –bien cubierto por dos cortinillas y en el que caben hasta dos botellas de agua grandes– o incluso el ubicado justo debajo del cuadro de mandos, por citar los más destacados. ¡Aunque lleves mil cosas encima, el Rifter tiene un hueco específico para todas ellas!

Por supuesto, las dos guanteras también tienen un buen volumen y en el hueco que queda entre ambas puedes colocar algunos objetos –si es que te queda algo en el bolsillo. Los más íntimos tendrán en la parte de atrás su zona reservada pues a los pies de los pasajeros de ambos lados existe una trampilla que da cabida a un cajón oculto y que se combina con unas bandejas plegables de lo más socorridas. Los elevalunas eléctricos incluso en estas ventanillas posteriores, las cortinillas laterales y algunos extras como el gran techo panorámico ponen la guinda para que detrás no sólo se viaje con un espacio récord a la altura de la cabeza y generoso para las rodillas, también con un nivel de confort más que aceptable.

Con un espacio de carga bajo, regular y fácilmente modulable, el Rifter acoge bultos de hasta 2,70 metros de largo.

En el apartado del ‘debe’ cabe resaltar que la anchura detrás no es tan buena y así, tres adultos viajarán sin mucho espacio entre sí a la altura de los hombros y si son altos, no podrán ser bien controlados desde el segundo espejo retrovisor interior, un detalle habitual en los monovolúmenes de PSA que en este Rifter no resulta tan efectivo pues el módulo ubicado detrás del mismo resta algo de visibilidad. De igual forma, el portón trasero es tan amplio que habitualmente cuesta abrirlo cuando aparcamos en línea –al topar con el vehículo precedente– o en batería si hay obstáculos como árboles o farolas. En este sentido, es verdad que la luneta posterior practicable nos saca de la mayoría de los apuros aunque a cambio de perder una de las grandes ventajas del coche, que es su bajísimo plano de carga, perfecto para introducir bultos grandes y pesados.

En resumen, en un vehículo de 4,40 metros de largo, con una batalla de 2,78 metros, Peugeot ha dispuesto un habitáculo realmente amplio y práctico, con un equipamiento hasta ahora reservado a modelos más caros y que puede incorporar hasta siete plazas, con dos asientos extra que son desmontables y con un interior realmente generoso. El resultado es un vehículo cómodo y manejable con cinco plazas y –aquí viene lo mejor de todo– con un maletero de 775 litros con el que harás retorcerse de la envidia a quienes hayan optado por cualquier SUV actual para el mismo uso.

DE RUTA EN FAMILIA

Llegamos al apartado dinámico y seguro que es lo que estabas esperando porque es donde hasta ahora, este tipo de comerciales ligeros transformados a turismos sucumbían debido a un tacto general 100% ‘furgonetero’. Sinceramente, no es el caso del Rifter y es que para empezar estamos ante un modelo dispuesto sobre la misma plataforma EMP2 que los citados 308, 3008, 5008 y compañía. Con este bastidor, bastante más ligero pero también más rígido que el de antes y sobre todo, con un conjunto de muelles y amortiguadores con gran capacidad de filtrado, el Rifter sorprende en carretera. ¿Se desenvuelve como un turismo? No, pues le condiciona su aerodinámica, su elevado centro de gravedad y su peso, 1.505 kilos, pero sorprende lo bien que se tiene en carretera y el nivel de confort que es capaz de ofrecer.

A la hora de transitar en firmes en mal estado o incluso en pistas de tierra, contamos con una amortiguación muy efectiva, que filtra bien las irregularidades del terreno y que nos permite superar también los badenes de la ciudad con gran entereza. Además, tanto el tacto de dirección como sobre todo el cambio automático de 8 velocidades, son elogiables incluso comparados con los de cualquier turismo generalista. Así, sólo el nivel de sonoridad, sensiblemente superior y un consumo de combustible también algo más elevado –unos 6,5 litros a los 100km– nos recuerdan que estamos subidos en un vehículo de sus características, algo que manejando un volante tan pequeño y con tanta precisión es fácil olvidar. Con todo y eso, cabe destacar que el motor 1.5 BlueHDI, de 130 caballos y 300 Nm de par, resulta más refinado que sus antecesores y muy voluntarioso a medio y bajo régimen, lo que explica que la velocidad máxima de este modelo se cifre en 180 km/h.

Al volante la sensación es extraña aunque agradable, la postura de conducción típica de furgonetas y monovolúmenes se combina con el i-cockpit, levas incluidas.

A la hora de dictar sentencia sobre el Peugeot Rifter es importante destacar el buen funcionamiento de algunos asistentes a la conducción como el de mantenimiento en carril –que no llega a ser demasiado intrusivo–, el control de velocidad crucero –adaptativo solo en opción– o el citado equipo multimedia, accesible desde una gran pantalla de fácil manejo y buena ubicación que incluye además conectividad para smartphones de iOs y Android así como cargador inalámbrico para los mismos. Incluso, teniendo en cuenta la altura libre al suelo que presenta este modelo y su buena amortiguación, el denominado Grip Control –anti-deslizamiento electrónico– también puede ser un elemento interesante si vas a realizar una conducción en pistas de tierra o firmes en mal estado.

¿El precio de la unidad probada? Pues es de 23.375 euros descuentos actuales incluidos y la verdad es que resulta realmente comedido tendiendo en cuenta la dotación y las prestaciones que ofrece. Quizá no te hayas planteado nunca la compra de un vehículo así y confesaré que nosotros empezamos la prueba de este coche con cierto escepticismo, pero tras recorrer numerosos kilómetros con el mismo, entendemos mucho mejor que antes porqué ha logrado posicionarse como uno de los monovolúmenes y familiares más vendidos en nuestro mercado mes a mes.

A favor:

Espacio y ergonomía interior. Altura libre al suelo y amortiguación. Motor y cambio automático.

En contra:

Sonoridad a ritmo elevado. Dinamismo. Algunos plásticos y ajustes del interior.