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Prueba Ford Edge 2.0 EcoBlue: Viajero infatigable

Solo dos años después de su lanzamiento en Europa, Ford ha realizado algunas modificaciones sobre el Edge, momento que aprovechamos para realizar esta prueba a fondo y analizar este completo SUV. 

Edge-apertura

El Ford Edge puede calificarse como un SUV diferente dadas sus especiales características. En primer lugar lo más llamativo son sus dimensiones. Mide 4,83 metros de longitud, 1,93 de ancho y 1,68 de alto, unas cotas considerables que le hacen rivalizar con modelos tan dispares como el Jeep Grand Cherokee, Kia Sorento o SsangYong Rexton. Todos ellos tienen un enfoque más off road de lo que suele ser habitual en el segmento de los SUV y que como veremos no es una excepción en el caso del Edge, que cuenta con ciertas cualidades para circular fuera de carretera.

En este año 2019 Ford ha realizado algunos cambios en el Edge con respecto a la primera versión que llegó a España –en Estados Unidos ya se vendía antes– en 2016. Las modificaciones se centran el el frontal que incluye un paragolpes rediseñado con unos faros que tienen iluminación led adaptativa que son capaces de alterar el haz de luz según las necesidades, mejorando así la iluminación.

Su funcionamiento se basa en una cámara que detecta vehículos en sentido contrario o por delante y permite desactivar parte los led que pueden causar un deslumbramiento. El resto de la zona permanece iluminada. Este sistema es de serie en el acabado Vignale, el que incluye esta unidad de pruebas. El dispositivo es muy práctico si vamos a utilizar el Edge en conducción nocturna. En la trasera, el paragolpes también se ha modificado con unos pilotos diferentes y una salida de escape doble con dos colas “reales” con forma rectangular. 

En la vista lateral destacan las llantas de aleación de diseño multirradio y acabado cromado. Tienen 20 pulgadas y montan neumáticos Pirelli de 255/45. En este apartado hay posibilidad de contar con 6 opciones desde las 19 hasta las 21 pulgadas. Además de lógicamente el tamaño, también el diseño es diferente según el modelo elegido. Desde una opción con 5 radios hasta otra multirradio con acabado cromado o en negro. En este sentido optar por las de 21 puede resultar excesivo e inecesario, dado que se perdería agilidad en carretera y se alargarían los desarrollos, si bien desde el punto de vista estético se ganaría en presencia.

La unidad de pruebas tiene un color rojo que Ford denomina Rubi y que incluye un acabado multifase especial que asegura más resistencia a la corrosión. Otros colores disponibles son un negro azabache, gris stone o blanco platino.  

Continuando con la estética, en el interior lo más llamativo es la nueva consola central. Gracias a la ausencia de la palanca de cambio –dado que esta unidad es automática– sustituida por una rueda hay más espacio disponible donde dejar diferentes objetos. Destaca por ejemplo un hueco que incluye un sistema de carga inalámbrico para smartphones compatibles. También se incluyen asientos delanteros con calefacción y ventilación, volante calefactado y techo panorámico opcional. 

También está ubicada aquí la pantalla táctil de 8 pulgadas con la última versión del sistema multimedia de Ford, el SYNC 3, compatible con Android Auto y Apple CarPlay. Incluye también mediante un app especifica –Ford Pass Connect– la posibilidad de controlar algunos parámetros del coche entre los que se encuentran varios relacionados con el mantenimiento –controlar el nivel de combustible, el kilometraje y la presión de los neumáticos–. También utilizar el teléfono para comprobar que el coche esté cerrado o inluso arrancar el motor a distancia para eliminar el hielo acumulado en el parabrisas. 

Este sistema incluye comandos de voz para manejar desde llamadas de teléfono hasta la música y la navegación por satélite, que permite contar con actualizaciones de mapas gratuitas durante 7 años. También cuenta con otras funcionalidades como oir los mensajes de texto. Esta pantalla ofrece muy buena visibilidad gracias a su ubicación que permite que el conductor no tenga que girar la cabeza. Además apenas se producen reflejos y el tacto es preciso.    

Otra novedad es un cuadro de instrumentos personalizable que permite diferentes configuraciones, entre ellas 7 colores disponibles. Ofrece una buena legibilidad y permite contar con toda la información necesaria. También un sistema de sonido B&O que incluye 12 altavoces y 1.000 vatios diseñado de forma específica para el habitáculo del Edge.  
 

En cuanto a la gama de motores, en España el Ford Edge solo está disponible con tracción total y motores diésel. Si hay posibilidad de elegir cambio manual, pero en la versión de menos potencia, la de 180 caballos, que se muestran un tanto justo dadas las dimensiones y peso del vehículo –unas dos toneladas en orden de marcha–.  

El sistema de tracción que Ford denomina inteligente es el más habitual hoy día para este tipo de vehículos. El dispositivo por sí mismo detecta las necesidades de tracción y en condiciones de utilización normales el Edge es en realidad un tracción delantera, para así conseguir una disminución del gasto de combustible. En caso se pérdidas de adherencia la tracción llega también al tren posterior. En este sentido no contamos por supuesto con reductora ni con un control de descenso electrónico, por lo que no resulta recomendable practicar una conducción todo terreno con demasiadas complicaciones.  

En nuestro caso optamos por la variante más potente, con 238 caballos que va unida a un cambio automático de convertidor de par de 8 velocidades. Esta versión está disponible desde poco más de 50.000 euros y en nuestra unidad de pruebas tiene al acabado Vignale, el más lujoso y equipado.

Este cambio es nuevo y se controla mediante un selector muy cómodo y preciso en su accionamiento, sobre todo resulta muy práctico para hacer maniobras de aparcamiento. Es giratorio y permite con solo girarlo cambiar de velocidad y además deja más espacio en la consola central. Tambien hay posibilidades de utilizar la levas, si bien al final no se hace necesario su uso y uno se entrega a las "bondades" de una utilización 100% automática del sistema.

Ford ofrece el Edge con 4 niveles de equipamiento: Trend, Titanium, el mencionado Vignale, y ST Line, con un precio de acceso de 41.000 euros. Este último tiene un enfoque más deportivo.  

Una de las novedades principales del Ford Edge 2019 radica en el motor diésel. El anterior 2.0 TDCi ha sido sustituido por otro nuevo denominado EcoBlue, también de 2.0 litros con potencias de 190 y 238 caballos. Para esta prueba nos decantamos por el más potente. Técnicamente incluye dos turbocompresores y es mas eficiente que el anterior para cumplir con la nueva norma de emisiones WLTP. Tiene un consumo homologado de 6,8 litros de media, aunque como es habitual en condiciones de tráfico real este registro es inalcanzable. Este motor incluye sistema de parada y arranque Start-Stop y tiene unas emisiones de 177 gr/km. Tiene sistema AdBlue y un filtro de partículas diésel

 

Una vez en marcha rápidamente se aprecia que estamos ante un coche “grande”. Efectivamente, las dimensiones del Ford Edge son considerables y la visibilidad, sobre todo lateral no es muy amplia debido al tamaño de los espejos retrovisores, aunque afortunadamente contamos con un detector de ángulo muerto, muy útil y en este caso necesario.  

La posición de conducción es bastante elevada y en nuestra unidad probada muy cómoda gracias a los excelentes asientos terminados en cuero y que se incluyen en el acabado Vignale. Tienen 10 posibilidades de regulación eléctrica y permiten rápidamente encontrar una cómoda posición al volante, que también se puede modificar en altura y profundidad. En este sentido el Edge es toda una referencia y permite realizar largos desplazamientos con total comodidad, dado que el espacio disponible también en sensacional. Tanto delante como detrás los ocupantes van amplios. 

También en maletero que tiene unos formidables 800 litros de capacidad con un diseño muy cuadrado que permite aprovechar la capacidad disponible. Estos además se pueden ampliar hasta los 1.847. Todo el acceso es fácil gracias al amplio portón disponible que tiene un accionamiento eléctrico que se pone en funcionamiento con solo pasar un pie por debajo del paragolpes, siempre que tengamos la llave en el bolsillo, si bien hay que tener en cuenta la altura del piso del maletero a la hora de cargar objetos voluminosos.

Aquí hay disponible una protección para proteger la superficie al transportar objetos sucios o mojados. También una red para sujetar la carga o incluye un portabicilcetas. Sin embargo no hay posibilidad de contar con asientos adicionales. Es decir no existe un Edge con 7 plazas. 

En carretera, gracias a un buen bastidor con un esquema de suspensión McPherson delante y multibrazo detrás unido a unos amortiguadores bien calibrados dotan al Edge de un equilibrado comportamiento dinámico. El vehículo lógicamente no se caractriza por su agilidad, pero si transmite mucha confianza en todo momento, aunque en los cambios de dirección acusa el elevado peso. Se muestra mucho más equilibrado en carreteras amplias y trayectos por autovía la comodidad que proporciona a sus ocupantes es de primer nivel. 

 

En esto influye la combinación que proporciona el cambio automático junto al propulsor turbodiésel, que tiene un funcionamiento excelente y un nivel sonoro bastante bajo. También el Control Activo de Ruido, que incluye cristales acústicos que ayudan a mitigar los ruidos procedentes del exterior. Tres micrófonos ocultos detectan el ruido ambiental, que se anula mediante la reproducción de ondas sonoras de fase opuesta desde los altavoces del vehículo. 

En este sentido realizar largos viajes con el Edge es todo un placer gracias a la amplitud y comodidad que incluye el habitáculo, y al excelente tacto que transmite el vehículo en todo momento. Los desplazamientos por amplias carreretas son su hábitat perfecto, más que ratoneras carreteras de montaña donde sus dimensiones y peso pasan factura y además provocan un incremento del consumo de forma significativa. En este sentido el Edge no se muestra demasiado 'gastón' si atendemos a sus medidas y peso, con medias reales en torno a los 8 litros, un registro muy aceptable si tenemos en cuenta la potencia del vehículo y las prestaciones que ofrece. 

A favor:

Habitabilidad, equipamiento.

En contra:

Peso, visibilidad lateral.