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A la FIA le temblaron las piernas a la hora de sancionar

En el Gran Premio de Rusia se volvieron a ver decisiones por parte de los comisarios difícilmente entendibles.

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Hay una máxima que la FIA se empeña en defender cada vez que se habla de las sanciones. Una extensión del ‘todos somos iguales ante la ley’, pero adaptado a la situación, como es el ‘se castiga la acción, y no la consecuencia’. Una premisa lógica a todas luces y que la FIA se encarga de no cumplir.

En el Gran Premio de Rusia permitió ver una nueva inconsistencia por parte de los comisarios, así como una doble vara de medir, que evidentemente no sorprende a nadie. Antes de la carrera sorprendieron con una sanción a Max Verstappen por no respetar una bandera amarilla. Más que la sanción en sí, de posiciones en parrilla cuando ya tenía que partir desde atrás, al piloto seguro que le dolieron más los puntos en la licencia, que empiezan a colocarle en zona peligrosa.

Ya en carrera, pudimos ver como un vehículo, no queda claro si un Williams o un Sauber, golpea a Carlos Sainz en la salida, en una acción que no fue investigada. ¿Incidente de carrera? Puede. Es más que probable. Pero una acción que arruinó la carrera de un piloto, y que, como mínimo, mereció una investigación.

Sainz se vería envuelto en otro incidente. El piloto de Renault se quejó de cómo un Haas le había llevado más allá de los límites de la pista, añadiendo, además, que en el pasado, en este mismo circuito y en esa misma zona, a él le metieron una penalización de tiempo por hacer lo mismo. Ni que la FOM pinchara la radio, ni los datos extra añadidos por Sainz valió para que Magnussen fuese investigado.

Tampoco lo fue el danés, protagonista de varias maniobras duras de defensa, cuando se movió en la frenada mientras Esteban Ocon trataba de adelantarlo. De poco valieron las repeticiones de la FOM y las quejas del francés por radio. Ni siquiera se investigó. Otra carrera repleta de maniobras cuestionables del piloto de Haas que acaba en nada.

Y finalmente, Vettel. El de Ferrari gana la posición adelantando su parada en boxes, pero se encuentra con un Lewis Hamilton por detrás dándolo todo. Recta, rebufo, y quizás sorpresa al ver lo rápido que se acercaba el británico por el espejo retrovisor, según la infografía de la FOM, a 340 kilómetros por hora.

Vettel hace un primer movimiento para colocarse en mitad de la pista. Y al ver que Hamilton va hacia el interior, se vuelve a mover. Dos movimientos claramente diferenciados. Además, Vettel deja sin espacio a Hamilton, que tiene que pisar con fuerza el freno para quedarse a centímetros de colisionar con Vettel. Una acción peligrosa, a máxima velocidad, que estuvo cerca de acabar mal. Pero ahí está la clave, cerca.

Hamilton adelantó a Vettel en la siguiente recta, así que una hipotética defensa más allá del reglamento por parte del alemán había quedado en nada. Evidentemente, Hamilton se quejó ostensiblemente por radio, y dirección de carrera reaccionó. Investigando, y dejando sin sanción. En esta ocasión, ni siquiera maquillaron como hicieron en Paul Ricard, con una insuficiente sanción de cinco segundos, que en este caso, no hubiera cambiado nada. Ni siquiera eso.

Porque, volviendo al comienzo del artículo, recordad que se sancionan las acciones, nunca las consecuencias ni se tiene en consideración a los protagonistas. ¿Hay alguien que no pueda estar de acuerdo? Esta temporada 2018 sigue acumulando acciones que no han terminado muy mal solo por cuestión de centímetros, acciones sin sanción o con penalizaciones absurdas, como la de Magnussen en Bakú.

La FIA sigue permitiendo a favor del espectáculo. Hasta que un día en Fórmula 2 o Fórmula 3, un piloto casi anónimo, cruce la raya. Ese día, todos se echarán las manos a la cabeza y se iniciará una campaña para matar al protagonista y si es posible, prohibirle correr hasta el resto de su vida. Esa raya que con estas sanciones o ausencia de sanciones se ha enseñado a los pilotos que se puede bordear. Romano Fenati.