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Prueba Mitsubishi Outlander PHEV: Tecnología para el día a día

La versión híbrida del Mitsubishi Outlander es toda una referencia en lo que a mecánicas de este tipo se refiere. Tras muchos kilómetros recorridos comprobamos como además puede llegar a ser muy útil, eso sí, tras conocer todas sus características, tal y como te mostramos en nuestra prueba a fondo. 

Phev-barrido

Desde un punto de vista general se puede afirmar que el Mitsubishi Outlander PHEV es todo un referente entre los vehículos híbridos gracias a su buen funcionamiento y precio razonable dado que las opciones similares  –SUV híbridos–pertenecen a un segmento superior. Por lo tanto contar con un todocamino dotado con esta tecnología a un precio inferior a los 50.000 euros puede considerarse como toda una referencia, como queda patente además si tenemos en cuenta que estamos ante un líder de ventas del segmento gracias a las más de 100.000 unidades que se han comercializado en Europa hasta el momento.    

Para esta prueba hemos 'convivido' con el Outlander PHEV durante varios días lo que nos ha permitido conocer a fondo su tecnología y comprobar como puede resultar muy útil en el día a día. Lo primero que llama la atención es su tamaño. Efectivamente estamos ante un vehículo 'grande'. Sus 4,70 metros de longitud y su 1,68 de altura ya nos confirman unas cotas considerables, a lo que se añade una estética que recientemente ha sido sensiblemente actualizada –2017– aunque conserva un acertado toque de coche todoterreno.

A esto se añade su avanzada tecnología que dada la fiabilidad que ha demostrado con el paso de los años es toda una referencia entre los híbridos enchufables y además goza de una excelente fiabilidad –la batería tiene 8 años de garnaía o 160.000 kilómetros–. 

Desde el punto de vista estético esta última versión –2017– incluye leves modificaciones en el frontal y varias insignias con la denominación del modelo PHEV –Plug-in Hybrid Electric Vehícle, vehículo eléctrico híbrido enchufable–. También destacan nuevos detalles cromados, faros led y unas llantas en dos tonos y de 18 pulgadas. 

Pero sin duda lo más interesante de este modelo es lo que no se aprecia, su tecnología, esto es el conjunto híbrido basado en dos motores eléctricos y uno térmico. Su funcionamiento conjunto es muy agradable, como hemos comprobado en el desarrollo de esta prueba, y resulta muy interesante comprobar su utilidad práctica. 

El motor de combustión es un 2.0 de gasolina situado en el eje delantero, hasta aquí todo normal. Este bloque puede funcionar de forma convencional para mover el vehículo –por ejemplo cuando no dispongamos de carga en las baterías–, pero también puede servir como apoyo al bloque eléctrico y aportar una dosis de potencia extra.

Por último puede utilizarse como ‘cargador’ para los propulsores eléctricos, que son dos y están montados sobre los ejes delantero y trasero y dotan así al Mitsubishi Outlander PHEV de un sistema de tracción integral. Contamoa además con un pulsador que permite utilizarlo de forma "forzada", por ejemplo en conducción off road cuando necesitemos dosis extra de tracción. 

El siguiente componente del sistema híbrido es un generador que es capaz de transformar la potencia del motor de gasolina en electricidad para recargar la batería –de 12 kWh de capacidad– que está situada en el suelo de coche. Esta ubicación proporciona algunas ventajas, pero también inconvenientes. Entre las primeras destaca que permite rebajar el centro de gravedad y con ello mejorar el comportamiento dinámico

Entre los inconvenientes están que merma la habitabilidad y condiciona la posición de conducción, que es más elevada. El maletero también ha perdido algo de capacidad dado que ahora ofrece 498 litros, 52 menos que el diésel, si bien las formas regulares y los distintos huecos disponibles permiten aprovechar el total de la capacidad.  

Toda esta tecnología tiene como objetivo la máxima eficiencia posible, se da por ello siempre prioridad al modo de utilización elécrico, si bien el conductor dispone de 4 modos de conducción:

1.- EV –Electric Vehicle–: Es el 100% eléctrico. El Outlander circulará con las baterías, en teoría hasta un máximo de 53 kilómetros, si bien en conducción ‘real’ ésta es muy variable, como veremos en el desarrollo de esta prueba. 

2.- Charge: Es como el modo anterior pero interviene el propulsor de gasolina, a modo de generador para cargar las baterías, de ahí su nombre. No es muy recomendable dado que se incrementa el consumo y se generan emisiones al utilizar el motor de combustión.  

3.- Save: Utilizamos el motor de gasolina. Así ahorramos carga de la batería que podemos utilizar por ejemplo si tenemos previsto circular por ciudad

4.- Norm: En este modo es el coche el que selecciona la forma de movilidad en función del tipo de conducción que practiquemos y del estado de carga de la batería.  

Junto a estos modos de conducción también es importante conocer el funcionamiento de las levas que no actúan sobre el cambio –es un variador continuo– sino sobre la frenada regenerativa, de acuerdo a 6 niveles de utilización –0 la mínima fricción, 5 la máxima–.

Una vez conocido el funcionamiento del sistema híbrido llega el momento de iniciar la marcha. El arranque se realiza por botón y el PHEV prioriza el funcionamiento en eléctrico. La posición al volante es bastante elevada dada la comentada ubicación de las baterías. La visibilidad es buena, si bien los grandes espejos retrovisores penalizan en la visión lateral en los giros más cerrados. Asimismo, el interior y el puesto de conducción no son un alarde en cuanto a diseño pero los mandos están bien ubicados y no hay problemas en este sentido. 

La instrumentación es muy completa y se centraliza en la pantalla central que es muy útil dado que nos informa de todo el funcionamiento del sistema híbrido de una forma bastante clara. También permite controlar otros parámetros del vehículo –climatización, equipo de audio, GPS, etc–. 

Hay que tener en cuenta que la autonomía es muy variable en conducción 'real'. 

Como ya hemos comentado, la habitabilidad del Outlander se ha visto condicionada por la ubicación de la batería, sobre todo en las plazas traseras, donde los ocupantes llevarán las piernas más plegadas. Además esta versión no puede contar con 7 plazas. 

Una vez en marcha la abundante información que transmite la pantalla central puede llegar a abrumar, si bien la automatización del proceso facilita mucho la conducción en los primeros momentos, hasta que nos hacemos con el control de la tecnología, momento en el que el conductor puede optar por intervenir y personalizar la conducción, algo muy recomendable. 

El Outlander PHEV prioriza la utilización en eléctrico. Este modo de conducción es muy cómodo, sobre todo en ciudad dada la suavidad que transmite en todo momento. En este tipo de utilización hay que tener en cuenta que la autonomía es muy variable y en conducción real tendremos menos de 40 kilómetros, cuando los homologados son 52. Si exigimos a la mecánica esta disminuye aún más, algo que es apreciable por ejemplo a alta velocidad por autopista. Por tanto, es recomendable utilizar el modo EV en ciudad, entorno donde le sacaremos el máximo provecho.

En carretera lo más recomendable es utilizar el modo normal, donde el propio vehículo selecciona la entrega de potencia, que se produce de forma mixta, es decir, el motor de combustión es el que mueve el vehículo, pero con la ayuda del generador eléctrico. En esta situación son muy útiles las levas, que al contrario de lo que pudiera parecer no son para el cambio, sino para la frenada regenerativa.

Hay 6 posiciones, la 0, en la que el vehículo no retiene prácticamente nada y por ello no se produce carga del sistema eléctrico, y la 5, que es la máxima rentención. Como contrapartida, a mayor rentención menos inercia y lógicamente más consumo de combustible. Por defecto el sistema arranca en la 3 posición. Ganar autonomía mediante este sistema requiere además bastante 'entrenamiento', por lo que resulta mucho más lógico optar por un enchufe

Independientemente del modo en que circulemos, en marcha la comodidad es la nota dominante gracias a la buena insonorización y la posibilidad de circular con el motor a bajas revoluciones, dado que el Outlander PHEV no tiene precisamente un caracter deportivo, aunque las prestaciones si nos permiten una conducción ligera en determinadas circunstancias. Las recuperaciones por ejemplo son uno de los apartados donde se obtienen buenos registros gracias a la asistencia de los motores eléctricos. 

Por el contrario, en una conducción más deportiva se aprecia ‘el lastre’ que supone la batería dado que el Outlander PHEV tiene un peso de 1.885 kilos. Este registro condiciona la eficacia en conducción deportiva, donde también las dimensiones del vehículo no invitan a grands alardes en este sentido. 

En cuanto al consumo, en conducción normal, utilizando de forma mixta el sistema híbrido se puede lograr un consumo medio de 7,5 litros. 

En definitiva el MItsubishi Outlander PHEV es interesante si se aprovecha al máximo el sistema híbrido, es decir el modo eléctrico, y para ello lógicamente hay que recurrir a un cargador. En este sentido el tiempo de carga oscila entre las 5 horas para una toma doméstica y unos 60 minutos si contamos con un wallbox.  

   

A favor: Tecnología. Comocidad. Fiabilidad. Recuperaciones. 

En contra: Peso. Agilidad. Diseño interior.