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Al volante del Jaguar i-Pace: Eléctrico, lujoso y ¿todocamino?

Hay que reconocerle a Jaguar la valentía de abrir el mercado de los SUV a la tecnología de propulsión eléctrica buscando la ventaja de ser pionero en un nuevo nicho de mercado. Pero ¿es el I-Pace un verdadero todocamino?

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Intentemos contestar a la pegunta del millón. Si nos atenemos al nombre compartido con los F y E-Pace, parece que forma parte de la misma familia pero su línea lo desmiente. La parte delantera inspirada en el prototipo C-X75 y su parte trasera, no tan vertical, nos dejan con la sensación de estar más ante un familiar de aspecto deportivo que ante un SUV. Su potencia de 400 caballos y sobre todo un par de 696 Nm, así lo reafirman.

 

Error de apreciación, teniendo en cuenta que su tracción es permanente a las cuatro ruedas –con un motor eléctrico en cada eje– y que, por ejemplo, su altura de vadeo llega a los 50 centímetros de altura. Así pues, convengamos en que es tan versátil que el uso que se le dé en cada momento definirá su categoría.

En la primera impresión transmite una línea fluida y elegante que nos sitúa en el mundo de las prestaciones y el lujo. Esta percepción se ve confirmada al entrar en su interior. Materiales elegantes, terminación de alta calidad y asientos confortables que envuelven bien y con un nuevo tejido, Kvadrat, muy agradable al tacto. Un tablero de a bordo amplio con tres pantallas digitales nos recibe y nos guía por el camino de lo que tenemos entre manos.

Las dos centrales son táctiles y junto con mandos giratorios nos permiten manejar todo el equipamiento de sistemas de seguridad y de ayuda a la conducción que incorpora el I-Pace, entre los que no falta ninguno de los que ya son habituales en el segmento alto de gama. Y vamos a arrancar: pisamos el pedal del freno, pulsamos el botón de arranque y.… nada. Ni un ruido. Como buen eléctrico está listo para empujar con toda la fuerza de su par desde la primera vuelta del motor y siempre con la mayor discreción posible. Es su ventaja principal frente a los motores térmicos, sin duda.

Sus baterías de 90 kW que están esperando instrucciones, ocupan todo el hueco entre las dos ruedas lo que permite un piso plano que favorece al espacio interior y la aerodinámica que se sitúa en un 0,29 Cx de coeficiente. Los dos motores de 200 caballos cada uno están situados transversalmente en los dos ejes motrices lo que evita el puente central y permite situar las ruedas en las cuatro esquinas del vehículo reduciendo los voladizos y ganando en espacio para los pasajeros y en estabilidad de la plataforma motriz. Al pisar el acelerador la respuesta es instantánea y nos pega la espalda al asiento, lo que se hace extraño dado que movemos más de 2.200 kilos de los que 600 corresponden a las baterías y sus accesorios de gestión y de refrigeración. Y eso que la carrocería es en más de un 94% de aluminio para reducir peso...

Pudimos probar la versión equipada con la suspensión neumática, de serie en el equipamiento más alto –1.600 euros en el resto–, que demuestra su eficacia en todo tipo de carreteras garantizando el confort y las prestaciones en zona de curvas. La gestión electrónica de los motores que envía el par necesario en cada momento a cada rueda ayuda a transmitir una seguridad de marcha que no envidia a casi ningún deportivo del mercado. Y si pulsamos el modo de conducción Dynamic esta sensación de acentúa aun más. Hasta emite ruido de motor a través de los altavoces interiores a alta velocidad para que no falte de nada.

 La autonomía homologada por la marca es de 480 kilómetros lo que empieza a permitir pensar en hacer viajes largos con una sola parada intermedia.

El software de gestión y optimización de energía aprende nuestra manera de conducir y en función de la ruta definida y la información del trafico existente es capaz en cada momento de darnos la autonomía restante para cada punto del recorrido, así como indicarnos las estaciones de recarga próximas.

El volumen del maletero es mayor de lo que parece, 656 litros ampliables a 1.453 si prescindimos de las plazas traseras.

Habrá que esperar a que la Administracion, que impulsa este tipo de energías menos contaminantes, tome de verdad cartas en el asunto y empiece a favorecer la instalación de puntos de recarga por toda la red de carreteras. A la espera de esto y si nos gastamos los 79.000 euros –un precio que llega hasta los 103.500 en la versión más equipada– que cuesta ya podemos movernos sin contaminar, con un coste por kilómetro mínimo y, sobre todo, sin tener que estar pendientes de volver a casa antes de que se nos acabe la carga de las baterías.

A favor:
Prestaciones, coste de uso, confort

En contra:
Precio, tiempo de carga, puestos de recarga rápida.