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El Túnel: La saga Hill

Este año se cumplen 55 años del debut de Graham Hill y a Bernard Ecclestone le encantaría que Josh Hill, hijo de Damon Hill y nieto de Graham, corriera en Fórmula 1. El chaval disputará este año el Europeo F3, un paso previo importante para cautivar la Fórmula 1. ¿Podríamos ver pronto a la tercera generación de los Hill compitiendo como lo hiciera el inolvidable Graham?

- Graham Hill
  • Graham Hill debutó hace 55 años
  • Damon Hill, hace más de 20
  • Josh Hill tiene 22 años y quedó tercero el año pasado en la Fórmula Renault.

 

EL PASO DE LOS AÑOS

Damon Hill ya no es ese flaco inglés con el pelo negro que tañía una guitarra eléctrica entre vuelta rápida y vuelta rápida. Se ha dejado la barba y el pelo largos, y ambos han sido invadidos por la blancura de las canas. Su mirada denota serenidad, madurez, calma y sabiduría. No es que fueran cualidades que le faltaran hace veinte años, cuando debutó en Brabham en 1992, pero sin duda el paso del tiempo hace mella en todos, para bien y para mal.

Hoy Damon sigue pensando en la velocidad, pero en la de su hijo Josh, que esta temporada disputará el Campeonato Europeo de F3. Bernie Ecclestone está contento: "Ojalá el hijo de Damon llegara a entrar en la Fórmula 1; sería genial, fantástico", pudimos leer hace recientes fechas. Si Josh ganara el campeonato europeo, uno de los premios sería probar un auténtico Fórmula 1. El ciclo se completa. Graham, Damon y Josh, tres generaciones de pilotos. El apellido Hill forma parte del automovilismo. Pero ¿cómo empezó su legado?

Josh Hill

 

BROMISTA Y ELEGANTE

En una escena de la inolvidable película Grand Prix (John Frankenheimer, 1966), los pilotos están concentrados en el circuito belga de Spa-Francorchamps en la típica reunión de pilotos previa a una carrera. Están preocupados por la seguridad, pues la lluvia amenaza con añadir un ingrediente picante indeseado por todos sobre un asfalto que deja mucho que desear. Es una escena de una película, en realidad, pero refleja perfectamente el ambiente de la época en un momento tan íntimo para los deportistas al que las cámaras no tienen normalmente acceso. Hay cartas, tazas de té, muchos cigarrillos… Entre los actores hay pilotos reales. Y entre los pilotos reales, Graham Hill, el único con corbata, impecablemente peinado y con su inconfundible y cuidado bigote.

Dice su escueta frase y se dispone a recorrer los pasos que le marca el guión para salir de la escena. Pero en su camino se encuentra con el bromista de Josh Rindt, que ni corto ni perezoso le hace una zancadilla que desequilibra a Graham, entre risas nerviosas delante de la cámara. La escena quedó tal cual. Probablemente sólo la flema de Graham, prácticamente imperturbable, haya hecho que muchos espectadores ni siquiera se dieran cuenta de su tropiezo. Una anécdota sin importancia, pero que pone de manifiesto el temperamento del que fuera campeón mundial en 1962 y 1968.

 

TODO POR UNA APUESTA

A principios de los años 50 nadie conocía a Graham Hill, que trabajaba fabricando relojes y velocímetros de coches en Smiths Instruments. Pero sabía que eso no era lo suyo. Tras su período militar y de aprendizaje, alguien le lanzó una revista de coches y una apuesta: "En Brands Hatch te gano a cuatro vueltas". "¿Brands Hatch?" pensó Graham. "Sí, podría ser interesante".

El Universal Racing Motor Club del circuito inglés ofrecía el alquiler de un Cooper 500cc de Fórmula 3 por unas pocas monedas. Sólo dio cuatro vueltas, pero la serpiente de asfalto llena de altibajos de Brands Hatch le cautivó. La velocidad, también. Ahora sí lo tenía claro: abandonó su trabajo y aseguró en la oficina de empleo que su deseo era ser piloto de automovilismo. En la oficina no sabían exactamente qué hacer con él, y finalmente le echaron argumentando que no tenían nada que ofrecerle.

Graham sabía que sólo con sus propios recursos podría hacer realidad su sueño, así que para ir empezando se hizo mecánico de otros pilotos en Brands Hatch. Pero no olvidó el remo, su otra pasión: entrenó a su club (London Rowing Club, donde estaba la que acabaría siendo su mujer y madre de Damon Hill), que ganó bastantes trofeos. Las gorras de ese club eran simples: oscuras con rayas grandes y blancas verticales a lo largo de la cabeza. Un símbolo que prevalecería en el automovilismo durante décadas.

 

LOTUS Y HILL, JUNTOS A LA F1

En 1954, con 23 años, Graham se subió a una furgoneta a cuyo conductor le pidió llevarle a Londres, pues no tenía dinero ni carné de conducir (se lo sacó a los 24 años). Cuando pararon en un restaurante para descansar, Graham se percató de que su chófer era Colin Chapman; no lo dudó y le lanzó un órdago: ¿Socios? Ahí empezó todo.

Antes de dar el salto a la Fórmula 1, Graham era piloto de pruebas de Lotus, y ya apuntaba maneras. Cuatro años más tarde dio el salto a la Fórmula 1. Mónaco fue su talismán. Y aunque su primera experiencia fue desastrosa (abandonó por un fallo del eje), el idilio entre el piloto inglés y el circuito monegasco estaba a punto de producirse. Eran días de furgoneta y carretera, mucha carretera: así viajaba el equipo Lotus y sus miembros, junto con los coches, ante la falta de presupuesto.

Hill, segundo piloto, estaba a la sombra de su compañero de equipo, Cliff Alison, que logró tres puntos en 1958, mientras él se conformaba con sumar sólo experiencia a los mandos del nuevo Lotus 12, un Fórmula 2 de 1500cc, adaptado ahora a la F1; eran los primeros y tímidos pasos de Colin Chapman. Frente a los éxitos de Mike Hawthorn, Stirling Moss o Tony Brooks, Graham pasó de puntillas pero llamó la atención de algunos expertos no sólo como piloto: sus años de mecánico dieron sus frutos, y era capaz de prepararse y arreglarse su propio monoplaza.

Cuando Alison abandonó Lotus para fichar por Ferrari en 1959, Graham pasó a ser el primer piloto. Y aunque los resultados no fueron nada alentadores (los coches eras demasiado frágiles), estaba demostrando sus auténticas habilidades al volante. Su desgracia era la paupérrima fiabilidad de los Lotus. Abandono tras abandono, rotura tras rotura… Desesperaron a Hill.

Cuando BRM le ofreció una buena cantidad de dinero para la temporada de 1960, Graham no lo dudó: abandonó Lotus. Ese fue su gran acierto: tras algunos desengaños, logró el mundial de 1962 gracias en buena medida al BRM 57 V8 equipado con el motor Covertry Climax y a sus cuatro victorias frente a las tres de Jim Clark, con quien entablaría una extraña relación como amigos y rivales.

Graham Hill en el Gran Premio de Holanda 1962

 

HACIA EL SEGUNDO MUNDIAL

En 1966, gracias al cambio de reglamentación que permitía motores 3,0 atmosféricos (o 1,5 turbo), BRM montó el extraño, pesado y a ratos decepcionante H16, diseñado por Tony Rudd y Geoff Johnson en el P261. En 1967, de nuevo desencantado con las prestaciones y la fiabilidad de los monoplazas de su escudería, Graham decidió abandonar BRM.

Colin Chapman y el resto del equipo Lotus estaban reorganizándose y querían contar con los mejores pilotos del momento. Graham era famoso dentro y fuera del circuito, en todo el mundo, gracias a su mediática forma de ser, sus constantes apariciones en la televisión, una ingeniosa labia, con constantes participaciones en actos públicos en Gran Bretaña (donde se le veneraba), con alguna imitación cortesía de sus irreverentes compatriotas Monty Python y con su victoria en las 500 millas de Indianápolis.

Lotus (ante la insistencia de Ford) logró convencerle, y juntos caminaron hacia la victoria. Fue un duro período de adaptación en una era nueva de motores en la Fórmula 1. Con la creación del chasis monocasco, Lotus inició su trayectoria ascendente. Equipado con elementos de Smiths, la misma marca para la que Graham había trabajado antes de ser piloto, el Lotus 49 contaba con elementos diseñados y probados por el propio piloto. Eso no impidió que su fama de 'rompemotores', frente a un compañero de equipo tan cuidadoso como Jim Clark, creciera como la espuma.

Keith Duckworth (Cosworth), Colin Chapman, Jim Clark y Graham Hill en 1967

El revolucionario Lotus 49 tenía el Cosworth atornillado directamente a la parte trasera del coche, por lo que formaba parte integral del monoplaza, y la suspensión trasera podía actuar sin afectar directamente a la transmisión. Pero en 1968 el genio de Clark, que seguía siendo el mejor de la época, murió durante una carrera de Fórmula 2 en Hockenheimring, Alemania, tras haber ganado la prueba inaugural de Fórmula 1, sólo tres meses antes en Kyalami.

El impacto emocional fue tremendo para todo el automovilismo, y para Lotus y Graham en especial. Nadie tenía ganas de casi nada. Aun así se presentaron en el madrileño circuito del Jarama con caras de claro abatimiento para disputar el Gran Premio de España. Sólo habían pasado cuatro meses de la muerte de Jim, y Graham ganó la carrera. La ganó por Colin (gran amigo de Clark) y por el propio Jim. Ese año el mundial también fue suyo.

 

LAS 24 HORAS DE LE MANS

En 1969, un terrible accidente en el estadounidense trazado de Watkins Glen destrozó ambas piernas de Graham. En su duro proceso de recuperación, en el que tuvo que volver a aprender a andar, aprovechó para escribir su autobiografía, La vida al límite. No era el final; aunque no volvió a ganar en Fórmula 1 (sólo una victoria no puntuable con Brabham en 1971), Matra le ofreció una oportunidad irrechazable: las 24 Horas de Le Mans.

Era 1972, y Graham sabía que a esas alturas de su trayectoria profesional, y a su edad, no podría volver a tener el reto de volver a saborear el automovilismo en una prueba tan prestigiosa. Lo que quizá no imaginaba es que ganaría junto a Henri Pescarolo. Graham se convirtió en el primer y, hasta el momento, único piloto en el mundo en ganar la 'Triple Corona': el mundial de Fórmula 1, las 500 Millas de Indianápolis y las 24 Horas de Le Mans.

Las 24 Horas de Le Mans

UN TODOTERRENO

Pese a sus éxitos, pese a su estilo, pese a su elegancia dentro y fuera del circuito, pese a sus conocimientos mecánicos… muchos creen que Graham Hill no era el mejor de su época. Pero la capacidad de concentración del inglés le hacía superar las habilidades de cualquiera. Y, también, su completa implicación una vez abandonado el circuito tras la última carrera disputada: la mayoría de pilotos despejaba su mente tras una dura jornada en el circuito con fiestas, con sus amigos, o simplemente relajándose en casa. Graham aprovechaba los viajes en avión para sacar su libreta y anotar cada pequeño detalle tras los entrenamientos, los cambios realizados en el coche y cómo afectaba al comportamiento del mismo, los errores cometidos y posibles soluciones; después de cada carrera, su peculiar 'ordenador personal' echaba humo.

Fruto de esa dedicación son sus cinco victorias en Mónaco. Y no sólo en Fórmula 1: Graham amaba el automovilismo, y eso le llevó a competir en turismos desde 1961. Hill demostró ser un auténtico 'todoterreno': ganó dos veces el Tourist Trophy con un Ferrari y las 12 horas de Reims y Sebring, en una época en la que los pilotos de Fórmula 1 no corrían con turismos. Su pasión le llevó a una larguísima trayectoria en una época en la que los pilotos no la alargaban en exceso, conscientes del riesgo del automovilismo en aquellos primitivos días, y de que antes no se debutaba prácticamente siendo un adolescente, como ahora.

 

DAMON, LA NUEVA GENERACIÓN

La vida de Graham y de toda su familia ha estado irremisiblemente vinculada a la velocidad de una u otra manera desde que aceptara aquel reto en Brands Hatch. Con 46 años, dos mundiales, 176 Grandes Premios disputados, 14 victorias, 13 Pole Position, diez vueltas rápidas, 289 puntos en el mundial de Fórmula 1 y tras haberse enfrentado a 14 campeones mundiales diferentes sobre la pista… Graham no estaba saciado. ¿Quién necesita entenderlo? ¿Quién puede comprender que montara su propia escudería, Embassy Hill, para tratar de continuar con su pasión?

Cuando no logró clasificarse en Mónaco, en 1975, en su circuito talismán, donde debutó en Fórmula 1 y donde ganó cinco veces… tuvo que retirarse definitivamente como piloto, dejar sitio a Tony Brise y centrarse en sus labores como jefe de la escudería. Una escudería que nunca levantó cabeza y que acabó muriendo junto con esa avioneta estrellada en Londres, en noviembre. Su casco, con las rayas blancas grandes verticales del club de remo, era su símbolo de identidad allá adonde fuera. Un símbolo que ha estado presente en la Fórmula 1 durante décadas y décadas.

Incluso, tras su trágica muerte, el 29 de noviembre de 1975: la avioneta que pilotaba se estrelló en el hoyo cuatro del campo de golf de Arkley, cuando volvía de realizar pruebas en el circuito francés de Paul Ricard, debido a la intensa niebla. Su representante, Ray Brimble; el diseñador, Andy Smallman; y los mecánicos Tony Alcock y Terry Richards también fallecieron. Pero, lejos de acabarse el legado Hill en la Fórmula 1, los aficionados ingleses volverían a disfrutar de su apellido décadas después.

Damon Hill se proclamó campeón en 1996 tras ganar en Japón

Y es que aquel fatídico noviembre de 1975, en tierra se quedó un muchacho de 15 años impresionado con la historia de su propio padre: Damon. Los colores del casco oscuro con las rayas blancas no tardarían en cautivarle del todo, y acabaría adaptándolo para su propio casco, con el que ganaría a Michael Schumacher en 1996 para convertirse en campeón mundial con Williams.

Ahora Josh, hijo de Damon, disputará el campeonato de Fórmula 3, un importante paso para continuar el legado de Graham, para continuar una pasión por la velocidad y el automovilismo que ha marcado, también, la historia de la Fórmula 1. Y, de alguna manera, a todos nosotros.