Los que vivimos el tiempo del primer modelo, hace ya siete generaciones con la que acaba de llegar, siempre recordaremos esa sensación de confianza que daba arrancar su indestructible motor monoárbol ‘Valencia’. Bautizado así por ser fabricado en Almusafes, se caracterizaba además de por su grave y reconfortante sonido, por una fiabilidad y una viva respuesta que pronto hicieron del Fiesta uno de los medios de transporte más populares de los 70. Desde entonces, son mayoría las familias españolas que han tenido alguno entre sus vehículos de los seis modelos consecutivos que ha habido con este nombre.
Cuando hace apenas un año contemplábamos su prototipo Verve Concept en el Salón de Frankfurt, ya tenemos aquí la gama inicial completa de un coche que, sin apartarse de sus iniciales aspiraciones, ha ido mejorando de generación en generación hasta un nivel de tecnología y calidad impensable en su segmento hace apenas una década. Siguiendo las nuevas tendencias globalizadoras, el actual modelo es el primer coche desarrollado según el sistema One Ford y, según Marin Burela, el director ejecutivo de coches pequeños de Ford, “El Fiesta marca un hito para Ford. Es nuestro vehículo global más importante desde el modelo T”. Esto puede traducirse en que estamos en una nueva era, en la cual ya no existen fronteras en cuanto a la comercialización de automóviles y los clientes convergen en sus gustos y necesidades independientemente de sus países o continentes. Es decir, se va a vender igual en China, en España o en Canadá, algo nuevo para un coche pequeño como el que nos ocupa.
Pequeño Focus
Después de nuestra primera toma de contacto, lo primero que concluimos es que, a pesar de la larga continuidad en la evolución de este modelo, el recién llegado poco o nada tiene que ver con sus antecesores. Su vocación de coche utilitario, robusto y comedido en sus aspiraciones, han dado paso a un coche mucho más dinámico. Con la versión más deportiva de la gama inicial, el Sport de 120 caballos, pudimos imprimir un ritmo al coche por las carreteras comarcales de la Toscana italiana que ninguno de sus predecesores hubiera podido seguir. Por rigidez de la plataforma –compartida con el Mazda 2–, por suspensiones –algo duras en general para los pasajeros posteriores– y por frenos –con un eficaz control de estabilidad opcional–, el Fiesta recuerda más a un Focus pequeñito que al tradicional modelo urbano de Ford. En espera de algún motor más potente, que llegará más adelante aunque la marca no precisa cuando, el 1.6 se muestra muy enérgico, tanto que pronto buscamos una inexistente sexta marcha en su cambio para dar rienda suelta a sus vivas aceleraciones.
En esta nueva generación constatamos una precisión de dirección y un rigor en el comportamiento del coche inusual en este segmento, por lo general más práctico que deportivo. La agilidad del conjunto se pone de manifiesto con un tren trasero muy dinámico pero lo suficientemente noble como para aguantar un tratamiento mucho más exigente que su antecesor. Este resultado tiene un doble mérito, ya que los ingenieros han conservado la misma arquitectura de suspensión que en el anterior modelo –McPherson delante y barra de torsión detrás– aunque con un importante trabajo de puesta a punto en sus reglajes. La dirección pasa a ser de asistencia eléctrica y, siendo suave en parado, ahora es muy directa cuando trazamos curvas enlazadas de forma rápida. Esta agilidad se potencia por el hecho de que el nuevo Ford, siendo más grande, pesa 40 kilos menos que el anterior.
En la versión Sport, el coche monta llantas de 16 pulgadas y una suspensión de tarado más duro. Con ella se consigue aprovechar mejor esta sobresaliente agilidad que ofrece el nuevo modelo. No obstante, el resto de las versiones presentan una suspensión más bien tirando a firme, lo que viene bien para sacar partido dinámico, pero perjudica un poco la comodidad sobre firmes irregulares.
Lanzamiento
Ford tiene previsto fabricar al año 1,2 millones de unidades para todo el mundo. En España, recibiremos la gama inicial con todos los motores y los acabados Trend, Titanium y Sport para, a partir de enero, sumarse la opción más sencilla, el Ambiente, que rebajará los precios de acceso del modelo.
Hay que destacar que el equipo brilla desde estas versiones más sencillas, ya que, por ejemplo, en el acabado Trend disponemos de ordenador de a bordo, retrovisores termoeléctricos, airbag de rodilla o tapón de depósito Ford Easyfuel para evitar equivocarse al repostar combustible. Todos los Fiesta se sirven con un equipo de reparación de pinchazos, pero si queremos llevar una rueda de repuesto sólo nos costará 50 euros.
Una interesante versión llegará a finales de año, la ECOnetic. Se trata de una preparación sobre el motor TDCi de 68 caballos que consigue un consumo de 3,8 litros a los cien kilómetros y unas emisiones de dióxido de carbono de 98 gramos por kilómetro, es decir, más limpio que cualquier híbrido de los comercializados actualmente. Como vemos, el nuevo Fiesta supone algo más que un relevo en la saga del pequeño polivalente.